Entonces… qué sentido tiene todo esto?

Todo lo que tenemos es nuestra vida y nuestras esperanzas, todos buscamos vivir una vida plena, más allá de los horarios que nos condenan y anhelamos sentarnos a cenar en paz lejos de los ruidos de la gran ciudad, pero vivimos sumergidos en las aguas del mar de las batallas y cada día es un reto calculando como jugaremos nuestras cartas.

Tenemos que aprender de las lecciones que nos ha dado el tiempo y tener presente que nos podemos ir y morir en cualquier momento, es el renacer del drama cada mañana, en cualquier lugar, en cualquier momento.

Entonces… qué sentido tiene todo esto?

Buscamos unos oídos que nos escuchen, unos ojos que nos miren desde el entendimiento, unas manos que nos acompañen en los duros momentos, unas mentes con las que comulguemos desde el discernimiento, buscamos compañeros que militen desde la desobediencia, esos a los que las ostias del pasado les hizo perder la inocencia, guerreros pacíficos, almas grupo, militantes de la no-violencia.

Tenemos hambre de victoria pero tenemos que aceptar las derrotas porque de ellas brotan lo aprendido y dan sentido a lo vivido.

El tiempo nos pone en nuestro lugar y si a veces tenemos que pisar fango, lo haremos luchando y si nos hundimos, que le cuenten al mundo que nos fuimos peleando.

Es que no hay sentido sin la lucha por salir de esta sociedad que nos enjaula, que nos habla de paz enseñándonos un arma, nos prometen libertad pero ellos deciden cuando usarla…

Debemos ser hombres normales haciendo cosas extraordinarias, mirándonos al espejo y conociendo nuestras armas, sabiendo que detrás toda acción hay un propósito escondido y que dar la espalda a este guerra no tranquilizará nuestras almas ni hace honor a lo aprendido.

Tienes que reconocerte, aceptar que eres un caso perdido en esta sociedad de zombis dormidos, en esta sociedad donde se ha posado un manto de sufrimiento y tristeza, donde al amor le sucede el odio y donde al perdón le sucede la venganza, esta sociedad falsa e hipócrita que han construido unos pocos y donde solo somos los peones rebeldes de un gran ajedrez.

Quizás esté hablado  solo, o arañando sombras para verte… si te alzo una mano, espero que no me la cercenes, si sed tengo, que en sal no se conviertan tus arenas.

Tan solo estoy pensando en voz alta y así paso los días, ni Dios ni Satán tienen noticas mías, abrí puertas prohibidas y viaje por la mente, conocí almas perdidas y así conocí a “mi gente”, cabalgando a horcajadas del tiempo, mirando a los ojos a la vida, mirando a los ojos  a la muerte, y que te importa mi pasado si miro siempre de frente.

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Publicado el 01/02/2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Es lo más lúcido que he leído en éstos tiempos….que me ha tocado (en buena hora) enterarme de buena parte de ésta realidad que relatás perfectamente en “la granja”…
    Un abrazo…

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